Nota de la excursión:
Somos conscientes de que conocer un lugar lleva mucho tiempo, por lo que en esta escapada de apenas cuatro días, nuestra intención solo era visitar las cuatro capitales de Euskadi y Navarra y alguna cosilla que nos apetecía por el camino sin entrar en mucho detalle.
Lo más importante del viaje no era el destino, sino el viaje en si mismo, compartido en familia.
Viernes 13 de Agosto.
Después de trabajar por la mañana, comer y una pequeña siesta, nos pusimos en marcha hacia Vitoria , nuestro primer destino de Euskadi.
Hicimos una parada intermedia en el Puerto de Herrera, para merendar un poco y que Sua corriera. Subimos al alto de San Leon, dejando pendiente para otra ocasión buscar la cueva que lleva el mismo nombre.
Continuamos el camino y sobre las 8,30 de la tarde, llegamos a Vitoria.
Aparcamos en el parking del estadio de Mendizorroza, donde estableceríamos el campamento esta jornada.
Desde allí fuimos dando un paseo hasta la plaza de la Virgen Blanca, donde comenzó nuestra ruta turística por el casco histórico de Vitoria
Me encantó el uso de la bicicleta en la ciudad y lo preparada que estaba Vitoria para ello.
Después del paseo, y tomar un refresco en una terraza del casco viejo, volvimos a la furgo a cenar y a dormir.
Sábado 14 de agosto.
A la mañana siguiente Sua y yo nos dimos un paseo mañanero con el frescor de la mañana por Vitoria y luego recogimos a Carmen y Guiller y continuamos el viaje en dirección Bilbao, parando a desayunar en el embalse Urrunaga, otro magnífico sitio para pasar el día e incluso la noche, por lo que tomamos nota por si otra vez, el destino nos lleva por estos lares.
Zona de mesas, barbacoas y el pantano allí mismo.
Después de desayunar pusimos rumbo a Getxo, a un parking del puerto viejo, desde donde emprendimos un paseo por el paseo que bordea la ría y sus playas hasta el puente de Vizcaya,
(El Puente de Vizcaya (Bizkaiko Zubiaen , también conocido como Puente Bizkaia, Puente colgante, Puente de Portugalete, o Puente colgante de Portugalete, es un puente transbordador de peaje, concebido, diseñado y construido por iniciativa privada entre 1887 y 1893, que une las dos márgenes de la ría de Bilbao en Vizcaya. Fue inaugurado el 28 de julio de 1983 siendo el primero de su tipología en el mundo y uno de los ocho que aún se conservan.)
En los extremos del puente hay unas máquinas dispensadoras, donde sacas los billetes y puedes elegir, ir en la cabina de pasajeros o subir por el ascensor y cruzar andando por la pasarela. Puedes cruzar en coche, moto o bicicleta también.
Mas info.
Después de pasar por él a Portugalete, realizamos la vuelta en una barquito verde que podemos coger un poco mas arriba, que también presta el servicio a pasajeros por 0,40€ y que cuenta con el sabor de la tradición de todos los paisanos que cruzan a diario para ir de un lado a otro de la ría.
Acabada esta incursión por la ría de Bilbao volvimos a la furgo y continuamos el camino.
Paramos en un Eroski a comprar alguna cosilla para comer y ya aprovechamos para comer en el parking junto a un jardín y a echarnos la siesta.
Después de comer, a punto de echarnos la siesta.
Ya habiendo recuperado las fuerzas, nos dirigimos al Castillo de Butrón. Está situado en Gatika, a medio camino entre Bilbao y San Juan de Gaztelugatxe.
Info del Castillo de Butrón.
A pesar de ser fin de semana de agosto, no tuvimos problema para aparcar y poder visitarlo tranquilamente por sus exteriores, ya que en la actualidad se encuentra cerrado y por lo que tenemos entendido a la venta por 3 millones de euros.
De allí fuimos bordeando la costa y disfrutando de los paisajes de acantilados y playas hasta llegar al Mirador de San Juan de Gaztelugatxe, furgoperfecto, donde ya en otras ocasiones habíamos aparcado para dormir y visitar la famosa ermita por su aparición en la serie televisiva de juegos de Tronos.
Desde este mirador, aparte de ser un buen sitio furgonetero para pasar la noche rodeado de campers y ato-caravanas, parte un camino prohibido para vehículos, que te lleva por la costa, andando a la ermita de San Juan de Gaztelugatxe, tras un bonito paseo de unos dos kilómetros.
En esta ocasión la subida a la ermita estaba cerrada debido a desprendimientos, aunque personalmente, creo que estaba cerrada debido a la masificación de gente que va en esta época especialmente.
Nosotros fuimos a dar un paseo por este camino, fuera del horario de visitas casi al anochecer, para evitar la muchedumbre.
Cuando volvimos a la furgo, cenamos en la calle, ya que la buena temperatura invitaba a ello y a dormir.
Domingo 15 de agosto.
Cuando nos despertamos, Carmen y yo fuimos a dar un paseo al Faro de Matxitxaco, situado a unos dos kilómetros de donde habíamos pasado la noche a través de una senda bien marcada.
Allí pudimos admirar de nuevo los acantilados, las preciosas vistas de la ermita y la enorme pendiente que después de bajar, tuvimos que subir para volver.
Una vez terminamos el paseo, desayunamos con Guiller, que se había quedado durmiendo un rato más en la furgo para después recoger el campamento y seguir rumbo en dirección a San Sebastián- Donosti.
Fuimos tranquilamente siguiendo la costa, por carreteras secundarias, con el marco incomparable que nos ofrecía el paisaje a nuestro paso. y llegando la hora de comer paramos en un pequeño pueblito que se llamaba Arroa Bekoa, donde empezó a caer algo de lluvia, según terminábamos de comer, por lo que nos tocó recoger y aprovechamos para meternos en la furgo y echarnos otra siesta de esas que tanto nos gustan cuando estamos de vacaciones y viajamos Slow, sin ninguna prisa y sin estrés.
Grandes momentos de siesta en la furgo.
Reemprendimos el viaje, esta vez con la mira puesta en San Sebastián. Llegamos y aparcamos en la Olarain Kalea ( Calle Olarain), un sitio tranquilo en zona de universidad con buen sitio para aparcar y a 15 minutos andando de la zona que queríamos recorrer.
Sua había tenido un traspié y cojeaba bastante de la pata delantera, por lo que después de estar un rato en una terraza tomando un café, Carmen y Sua se fueron a descansar a la furgo, mientras Guiller y yo íbamos al Monte Igueldo.
Subimos en el Funicular, después de 10 minutos de hacer cola, y llegamos a lo alto del monte, donde se encuentra un pequeño y bucólico parque de atracciones. Lo recorrimos de un lado a otro, aunque no nos montamos en ninguna atracción y después de disfrutar de las magníficas vistas de la bahía de la Concha, emprendimos la bajada esta vez en autobús,pues la carretera del faro, que queríamos haberla bajado andando, se encontraba cerrada por obras en esta ocasión.
Guiller fotografiando la Bahía de la Concha.
Vistas desde el parque de atracciones del Monte Igueldo.
De allí fuimos paseando por el paseo marítimo hasta el
Peine de los Vientos , una escultura de Chillida, en un magestuoso entorno natural de costa agreste.
De allí fuimos a recoger a Carmen y a Sua, para irnos a hacer una merienda cena en una hamburguesería cercana, donde Guiller y yo repetimos hamburguesa (Las mías vegetarianas), de lo buenas que estaban.
Nos íbamos a haber quedado a dormir en ese sitio donde habíamos aparcado, pero decidimos continuar el camino y buscar un sitio en la naturaleza, por lo que pusimos rumbo a Pamplona, nuestro último destino y a medio camino paramos en el área recreativa de Urtoko Zurieta. Una zona de merendero y barbacoas con baño y muy bien cuidada.
Y allí, acompañados de los cencerros de las vacas a lo lejos y lloviendo una ligera lluvia, nos quedamos a dormir y a descansar.
Lunes 16 de agosto.
Amaneció cubierto, pero ya de día pudimos ver mejor el fabuloso sitio donde habíamos pasado la noche.
Estaba muy bien cuidado el entorno.
A pesar de las señales, siempre hay algún guarrete.
Dormimos solos y muy tranquilos.
Había un baño muy limpio con agua, lavabo y WC.
Desayunamos, recogimos la basura y nos pusimos en marcha hacia Pamplona.
Allí aparcamos en el parking de Corralillos en la Rochapea, que ya conocíamos de otras veces. Es un amplio y tranquilo solar con aparcamientos grandes y zona naranja y por unos dos euros, teníamos cuatro hora de aparcamiento. y a tan solo cinco o diez minutos andando de donde pegan el chupinazo en sus fiestas de San Fermín y del centro histórico de Pamplona.
Visitamos con Guiller esas zonas de Pamplona, fuimos de compras y llegando la hora de comer fuimos a un restaurante vegano de comida macrobiótica, Baratza Kafea, que se encuentra cerca de donde habíamos aparcado.
Una vez con el buche lleno, emprendimos camino de regreso a Soria, aunque al poco de salir de Pamplona, el sopor del calorcillo después de comer, hizo que nos desviáramos al embalse de Alloz, con sus aguas turquesas, donde encontramos un sitio para parar un rato y echarnos una siesta.
Luego re emprendimos el viaje y ya solo paramos una vez a comprar unos helados en una gasolinera, antes de terminar nuestro viaje en Soria. Con la sensación de llevar una eternidad viajando y con el pesar de que de nuevo, nuestras vacaciones habían terminado y volvíamos a la realidad de la rutina, pero eso sí. con un muy buen sabor de boca de haber pasado estos días los cuatro juntos, Guiller, Sua, Carmen y un servidor.
Felices.