La vida da muchas vueltas y nos permite cambiar si estamos dispuestos a ello. Quién me iba a decir cuando era joven que estaría haciendo ahora lo que estoy haciendo. Quién me iba a decir que me saldría de la normalidad que se supone que es normal. Aún me acuerdo siendo joven y habiendo tenido una educación tradicional, basada en el estudia, trabaja, cásate, jubílate y muere, sin haber sido enseñado a vivir mientras crecíamos, a vivir mientras estudiábamos, en resumen a sentir y ser consciente de lo que me sucedía alrededor mientras recorría el camino.
Pero ya casado y con un hijo, tuve la suerte de ir encontrando esa visión de consciencia, y me fui dando cuenta de que hay cosas más importantes que trabajar, que el dinero, que las apariencias, que las prisas.
La consciencia del ahora y del nosotros y el movimiento Slow, donde lo que importa de verdad no es recorrer la vida a toda velocidad, acumulando patrimonio, pisando a quién se te ponga por delante y llegando al final de tus días lleno de sueños y sin haberlos realizado porque nunca hubo tiempo nada más que lo soñado.
Y fue en ese proceso en el que aún continuo y en el que he conseguido involucrar a mi pareja con la que comencé el camino y me gustaría terminarlo, donde nos encontramos felices viviendo la vida a la vez que trabajamos, sacamos adelante a nuestro hijo y disfrutamos de cosas tan normales como acostarnos todas las noches abrazados, contándonos como nos ha ido el día y cómo será la próxima escapada que hagamos.
Y esta es la primera entrada de este blog, donde no digo nada y digo mucho, donde vamos a compartir nuestros viajes, nuestras experiencias, esperando sea una pequeña chispa para aquella persona que llegue algún día a leer estas entradas y pueda servirle de inspiración o de utilidad o simplemente algo curioso que leer, pero siempre transformador de tu ser, aunque en ese momento no seas consciente de ello.


