ESCAPADA DE PAREJA A LOS MONEGROS POR NUESTRO ANIVERSARIO.
El sábado 24 de Julio, con motivo de nuestro aniversario, que es el 27, Carmen y yo nos fuimos a un destino secreto para ella, era sorpresa y solo sabía que había reservado en un sitio donde había camellos, lo cual le perturbaba un poco pues no podía hacerse a la idea de donde íbamos a pasar la noche.
De momento íbamos sin furgo, en el coche, sin Sua que esta vez se quedó con Guiller, y con destino a la provincia de Huesca.
Paramos en Zaragoza en el centro comercial para dar una vuelta y comer en el Muérdete La Pasta que nos gusta. Tomamos un cafecito y rumbo al destino desconocido, (para Carmen).
Antes de llegar a Huesca, cogí un desvió hacia Tardienta y justo antes de llegar a Tardienta, cogí un desvío al aeródromo, lo que mosqueó aún más si cabe a Carmen.
Íbamos por una carretera, casi camino, junto a un canal del Ebro, hacia la nada, pues no se veía ningún vestigio de civilización.
En un momento dado, cruzamos el canal por un pequeño puente siguiendo las indicaciones del aeródromo y llegamos a una finca con una gran verja donde Carmen ya descubrió el lugar donde íbamos a pasar la noche, se trataba del Hotel Cueva Tardienta, un curioso lugar que contaba con aeródromo, restaurante, albergue, emisora de radio privada, taller de cerveza propia, un castillo particular donde vivía el dueño con su familia y mas cosas curiosas como el Hotel en si, que se trataba de un edificio semienterrado, con acceso al interior a través de una gran puerta de madera que daba paso a un patio interior de estilo árabe que se veía rodeado por las puertas de la habitaciones.
También había otro pasillo que salía del patio y atravesaba la montaña para dar paso a una piscina privada para los usuarios del hotel.
Al entrar en la habitación cueva, sentimos el frescor que agradecimos, pues estábamos en julio, en mitad del desierto de los Monegros. Era una habitación con una decoración ambientada en Marruecos con detalles árabes, una cama de 2 metros y un baño con bañera de hidromasaje. Nos pareció estupendo.
Dejamos las cosas y nos fuimos de excursión a Huesca.Aparcamos y recorrimos el centro paseando y parando en alguna terraza a descansar y disfrutar del momento.
Compramos algo de cenar para llevar y tomárnoslo luego tranquilamente en las mesas de la piscina del Hotel Cueva por la noche, pues la temperatura y el entorno acompañaban a ello.
Pero antes de cenar y según llegábamos a Tardienta, nos desviamos a la ermita de Santa Quiteria, situada en un alto y junto a los restos recuperados de una trinchera de la guerra Civil, que aprovechamos para visitar.
Después de cenar y estar un rato hablando al aire libre, nos retitamos a la habitación a dormir.
Al día siguiente, nos esperaba un opulento desayuno el el hotel que compartimos con una amigable charla con el propietario del establecimiento y su familia, todos muy amables en un buen ambiente.
Después y antes de partir, recorrimos el entorno pues no podíamos partir si ver de cerca a una pareja de dromedarios que vivían allí desde hace años.
Recorrimos la pista de aterrizaje del aeródromo y nos hicimos unas fotos con los dromedarios.
También coincidimos allí con un grupo de moteros que estaba pasando el fin de semana en el albergue del centro y celebrando una reunión de motos clásicas Rieju por Los Monegros.
Casualmente había un soriano que habíamos conocido el día anterior y con los que estuvimos hacíendonos unas fotos antes de partir.
Y así nos volvimos poco a poco a Soria, después de un fin de semana de tranquilidad los dos solos, compartiendo esa experiencia.